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Controlo y Fluyo…

Hace muy poco en un entrenamiento que facilitaba en Bogotá, hacía un ejercicio que tiene que ver con la visualización de estar en un velero y como tú eres el capitán y dueño del velero, así que tú decides a donde conducirlo y si emprender un viaje o quedar anclado en un puerto si es tu elección. Al final del ejercicio y cuando estábamos compartiendo la experiencia de cada cual, un joven bien inteligente me recordaba que en el principio del entrenamiento había hablado acerca de no estar controlándolo todo, todo el tiempo, de soltar el control y no pretender tener la razón todo el tiempo y me preguntó si este ejercicio del velero no iba en contraposición.

A continuación, nos relató una hermosa metáfora de cómo la vida es como río por donde vamos, con todos sus riesgos, obstáculos, curvas, velocidades y circunstancias, donde a medida avanzamos rio abajo vamos recogiendo y llenándonos de rocas como en una mochila en la espalda haciéndonos cada vez más difícil el transitar por lo pesados hasta que algunos ya no pueden ni siquiera seguir y se quedan detenidos a pesar de que la corriente avance.

Escuchándolo me surgieron varias metáforas adicionales que pusieron mi imaginación a volar, por ejemplo cómo hay algunos que deciden nadar hacia arriba en contra de la corriente pretendiendo devolverse al inicio del viaje, al manantial, al nacimiento mismo, mirando hacia el pasado, pero no nos damos cuenta que lo que paso pasó y no lo podemos cambiar por más que nos quejemos y nos lamentemos; a parte lo único que conseguimos es cargar más pierdas en la mochila y nos desvían de estar mirando hacia delante donde está nuestro destino haciendo los ajustes necesarios para sortear dificultades.

Por otro lado me imaginé todo lo que contiene un río y esto lo asocié con la vida misma, te encuentras, enredaderas, raíces en el fondo que te pueden atrapar y detener, piedras en el camino de diversa índole: grandes, profundas, ocultas, en la orilla, justo en el medio, etc., puede haber animales que estarán dispuestos a devorarte y todo lo que te encuentras en el camino es lo que es, está ahí simplemente porque ahí está no por nada más, es parte de lo que nos encontramos en el camino, pero hay muchos que creemos y suponemos que nos los ponen para hacernos daño, por amenazarnos, por demorarnos el camino y no tiene nada que ver con nosotros, las piedras harán lo que harán, las raíces estarán ahí y pasará lo que tenga que pasar y los animales te intentarán devorar porque es lo que ellos hacen no porque te tengan antipatía, pero no lo podemos ver, andamos creando enemigos a toda hora y en todo lugar, me pregunto qué sería si simplemente no le pusiéramos el filtro de “me hacen” a todo lo que encontramos a nuestro paso y nos diéramos la oportunidad de ver que si está donde está, es por un propósito y no es más que entrenarnos para hacernos más fuertes y para descubrir el liderazgo del qué estamos hechos.

También en mi imaginación conecté: la desembocadura de este río llegando al mar, con el destino de nuestra existencia hacia algo más grande o incluso decidir quedarte en algunos de los puertos a lo largo del cauce donde puedes hacer una pausa y seguir, detener, quedarte o descansar y seguir y me pareció bellísima la metáfora en general.

Finalmente, se me ocurrió introducirla la variable del velero, así que me surgió preguntarle… y ¿qué pasaría que en vez de fluir dentro de ese rio fueras montado capitaneando un barco?… a lo que me contestó: “justamente eso es a lo que me refiero, que sería tener el control”. A pesar de que parezca, el capitán del barco no tiene control sobre nada solo dirige como puede el barco y deja que la naturaleza fluya y haga su trabajo, no sabemos qué viene en cada curva, no sabemos qué obstáculos se nos presenta, simplemente tenemos que confiar, fluir y hacer lo mejor que puedo hacer con lo que venga y traiga el río. Hay veces, y muchas, en que queremos controlarlo todo, las circunstancias, los escenarios e incluso los resultados y no nos damos cuenta de que no es tan buen negocio ya que nos cargamos y al final de lo que nos llenamos es de frustraciones, ¿no sería mejor y más inteligente que nos permitiéramos fluir y dejar que las cosas vayan sucediendo como vienen? ¿Solo si nos diéramos cuenta de que hay muy pocas cosas en las que tenemos el control y que tal si incluso en esas pequeñas cosas nos permitiéramos fluir y soltarlo? ¿Qué pasaría?

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